Molde


La potente luz que cae sobre mí hace imposible que pueda abrir los ojos. Las pocas veces que lo he intentado, la luz me ha cegado. Estoy sentado, desnudo y maniatado a una silla de madera. Mis tobillos también están atados con una cuerda que parece que me los va a romper de un momento a otro. Me acabo de despertar por enésima vez, ya no sé cuanto tiempo hace que estoy así, bajo esta luz que me castiga más que las cuerdas. Me he meado y cagado encima varias veces y el olor que desprende mi cuerpo es nauseabundo pero no puedo hacer otra cosa. Tengo sed, mucha sed y mi boca reseca esta amordazada. Estoy indefenso y aspirando este fétido olor que sale de cada poro de mi cuerpo sin que nadie haya hecho acto de presencia. Recuerdo que me he puesto a gritar cómo un poseso cuando me he dado cuenta que me habían capturado y me tenían desnudo y atado a una silla pero para mi desgracia nadie ha acudido ni nadie a venido. He llorado, he jurado y perjurado pero aún así nadie ha venido en mi ayuda y después de cagarme encima por primera vez, me he desmayado. A esta primera vez le han seguido otras muchas pero no puedo asegurar cuantas, mi cabeza esta llena de mi olor nauseabundo y de esta luz y su calor que hace que la sed me azote sin piedad. No sé porqué estoy aquí pero ahora mismo no me importa morir con tal de acabar con este sufrimiento. No creo merecerme este castigo aunque ahora mismo no sepa ni quién soy. Ahora no sé nada, yo sólo quiero agua, sólo quiero saciar esta sed voraz que me nubla la mente y hace que mi cuerpo se debilite por momentos y la luz es tan intensa que mi cuerpo empieza a sufrir sus efectos. Por toda mi piel están apareciendo ampollas llenas de un líquido negruzco y viscoso que huele fatal una vez que revientan. Estoy hecho un despojo humano o lo soy, no sé, mi cabeza me habla de un modo muy extraño y ya nada parece lo que es. No sé dónde estoy y porqué estoy en esta situación y no sé quienes pueden ser los causantes de esta tortura a la que estoy sometido. Para mí todo es una incógnita aunque esto ya no me importa mucho. La verdad es que deseo que venga alguien y me pegue un tiro en la cabeza y acabe con esto. Tengo ganas de morir, no puedo más, quiero morir ahora. No quiero morirme poco a poco cómo me esta pasando ahora, quiero acabar ya con todo esto, si quieren algo yo sé lo daré pero que acaben con esto, por dios, que acaben con todo esto. Vuelvo a despertarme y tan pronto soy consciente un pinchazo recorre mi cabeza, es la sed que no ha desaparecido y sigue azotándome y seguida de ella el dolor por todo mi cuerpo. Esto es un infierno, no creo que vaya aguantar mucho. De repente unos pasos se acercan y se detienen a mi lado. Una voz ronca me pregunta directamente,

¿Agua o plomo?

Plomo, por favor.


 

Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde”.
(Proverbio mongol)



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