Es más


 

Es más que juntar palabras,
es más que unir incoherencias,

es más que apropiarse de lo indebido,
es más que expresar lo sabido,

es más que sentir con sustantivo,
es más que decir sin atractivo,

es más que lo escuchado por los oídos,
es más que unos simples sonidos,

es más que una pluma que se desliza,
es más que esta pizarra y su tiza,

es más que la fusión de un sentimiento,
es más que una estrella en el firmamento,

es más que una alegría vivida,
es más que una sensación sentida,

es más que una continua afirmación,
es más que una simple solución,

es más que una ilusión vana,
es más que mi primera cana,

es más que el instante presente,
es más que el momento siguiente,

es más que una manera ecléctica,
es más que una mente frenética,

es más que el deseo de soñar,
es más que aprender el arte de volar.

Simplemente,




Wichien-Maat



Su obsesión por los gatos ya le venía de muy pequeño. Sus primeros recuerdos eran montones de gatos a su alrededor, ronroneando y deslizándose entre sus diminutas piernas que apenas se aguantaban. Los gatos en su vida siempre habían estado presentes, primero en casa de sus abuelos maternos que vivían con docenas de ellos y le enseñaron a prodigarles afecto y dedicación, más tarde en la escuela primaria dónde rondaban por los alrededores en busca de alguna comida fácil a pesar de los evidentes peligros que entrañaba estar tan cerca de niños y aún más tarde en la Universidad cuando estudiaba Biología siempre andaba rodeado de gatos para la experimentación, aquello al principio lo aterró hasta que pudo superarlo. Finalmente cuando se licenció y se pudo ir a vivir sólo, lo primero que hizo fue comprarse un gato. Era un siamés de pelo largo y agrisado, sus ojos azules eran de una claridad espectacular y cada vez que lo miraba fijamente tenía la impresión que el gato, de un momento a otro, se iba a poner hablar. Era muy listo aunque no era tan amistoso cómo pensaba que sería en un principio, éste siempre se las ingeniaba para conseguir todo lo que necesitaba y hasta hubo ocasiones que ni él mismo sabía quién era el animal y quién era el dueño. Le gustaba tener un gato en casa, le aportaba tranquilidad y sobretodo le daba una responsabilidad fuera de su trabajo que de otra manera no hubiese tenido. Era una persona que se relacionaba muy poco con los demás, era un poco retraído y tan sólo hablaba lo imprescindible aunque no era así siempre, cuando llegaba a casa no dejaba de prodigar mimos y atenciones a su amado siamés cómo si esto compensase su falta de sociabilidad. Los meses fueron pasando y el gato fue creciendo, al principio muy poco a poco pero luego empezó a crecer de un modo considerable. Lo llevó al veterinario y éste le dijo que el gato tenía un problema que le hacía crecer más rápido de lo normal pero que no se asustase, que en un periodo de tiempo relativamente corto este crecimiento acelerado se detendría y tendría un gato sano cómo cualquier otro. Un poco más grande pero igual que cualquier otro gato, le había asegurado el veterinario. Este hecho le hizo unirse aún más a su gato, sentía que él era responsable de su grandaria y se maldecía por no haber estado más atento en su alimentación y ejercicio. Busco información más detallada sobre los hábitos de los siameses y se puso a trabajar con él. Decidió cambiar su turno de trabajo para pasar más tiempo con él, dejó su apartamento y alquiló una casa con un pequeño jardín para que el gato tuviese más espacio. Llegó el día en que se dio cuenta que vivía sólo para y por el gato y a pesar de sonar extraño, esto le gustaba. Su vida había girado en torno a los gatos y ahora estaba seguro que poseía el gato más bonito del mundo y uno de los más grandes de la ciudad. Era su razón de vivir y poco a poco fue alejándose de todas las ocupaciones que no tenían que ver con su gato. Fue faltando día si día también al trabajo hasta que lo echaron y los pocos amigos que aún conservaba ya no lo reclamaban. Su vida se centró en aquel gato de mirada penetrante y gestos elegantes a pesar de su enorme grandaria y esto desencadenó que desde hacía un tiempo él se había descuidado en su aspecto físico en pro del gato. Su pulido semblante de antaño ahora no existía, se vestía con cualquier prenda, conjuntase o no, y salía siempre de casa a horas intempestivas en busca de las cuatro cosas que necesitaba para subsistir. El gato vivía cómodamente mientras que él se las tenía que ingeniar para llegar a final de mes pero todas estas penalidades no le importaban si su gato estaba bien, se desvivía por él hasta el grado máximo de la obsesión y es así cómo llegamos al día de hoy.

Esta mañana, al levantarse se encuentra una nota encima de la mesa. No le presta atención hasta que después de estar buscando al siamés durante más de una hora y no encontrarlo, posa sus ojos encima de ella y se da cuenta que es el único indicio que tiene para saber sobre su paradero. Esta desesperado y la nota se le cae de las manos tres veces antes de que pueda tan sólo ojearla. En la nota, escrita con excelente caligrafía, se puede leer que se han llevado al gato y que lamentablemente no volverá a recuperarlo. También dice que lamentan haber causado tantas molestias pero que su gato es esencial para la mejora física y anímica de una persona y que por esto han decidido secuestrarlo. Él no entiende que tiene que ver su gato con nadie que no sea él y en esos momentos la duda y cierta indefensión le embargan, de repente estalla de rabia y enseguida empieza a romper todo lo que se encuentra por delante. En menos de una hora su casa esta destrozada y seguiría destruyéndola si no fuese porque aparece la policía avisada seguramente por los vecinos que se han asustado con tanto revuelo. Finalmente lo detienen y después de examinarlo detenidamente deciden internarlo en un centro especializado. Su rabia había desaparecido al poco de llegar a los juzgados y ahora sólo le invade un sentimiento de frustración y pérdida. Sabe que su vida ya no será la misma sin su gato, su amado gato siamés.

Al día siguiente, por la mañana, los policías encargados de dar el almuerzo se encuentran una escena nada normal. Decenas de gatos están en la celda dónde horas antes estaba el detenido aunque de éste ya no quedan indicios. Al abrir las puertas los gatos corren hacía todas direcciones pero no hay rastro del sujeto. Ha desaparecido y nadie sabe cómo ha sido posible. Después de estar buscando por todas las dependencias se da la orden de búsqueda y captura. Los policías salen atropellándose de la comisaria en busca de aquel perturbado que tan peligroso parece ser sin darse cuenta que un enorme gato siamés los observa desde un tejado cercano.

Esta inmóvil y aunque parezca que no puede ser, el gato sonríe, parece que esta pensando que esos policías que tantas prisas tienen no saben adónde van ni por dónde tienen que empezar a buscar y aún así lo hacen sólo porque sus superiores se lo han ordenado. El gato sigue mirándolos mientras sonríe en la cornisa porque sabe la verdad. No lo encontrarán.

Ellos persiguen a un hombre y no a un siamés, cómo él.



Devorando recuerdos



Volvía del trabajo paseando vagamente por las calles mientras se preguntaba cómo era posible que siguiese sin encontrar respuesta a las múltiples preguntas que le asaltaban. Se sentía atrapado en una red de interrogantes que no le dejaba ver más allá y se veía a si mismo cómo uno de aquellos insectos que caen atrapados en una tela de araña y que por mucho que se esfuercen, no consiguen salir. Parecía estar muy sólo, no aislado, sino sólo cómo si fuera un disciplinado agente de la Soledad que hace su trabajo diligentemente. Nada era lo que parecía para él mientras vagaba ausente por esas calles que tantas veces recorría distraído. Sacó las llaves y abrió la puerta de su casa. Sin novedad, todo seguía en el mismo sitio y le extrañó haber pensado que cabía la posibilidad que no fuese así, que un día al abrir la puerta de su casa, ésta estuviese patas arriba, porque esto, estaba seguro, le provocaría un susto de muerte. No sabía la razón del porqué cada día pensaba cosas tan raras. Se dio una ducha y al salir y sin pensárselo se estiró en una tumbona del pequeño jardín que poseía en la parte trasera, era su rincón preferido. Le gustaba descansar tomándose una cerveza bien fría y viendo cómo el día declinaba aunque últimamente no había podido ni había sido capaz de hacerlo. Demasiados recuerdos, demasiadas preguntas abundaban en su mente y sentía que en aquellas difusas circunstancias no podía salir al patio trasero porque era mancillar todo lo que representaba aquel rincón. Sin pensárselo se había tumbado y ahora que estaba sólo y en silencio se daba cuenta de lo que había hecho. Había traspasado una linea que tiempo atrás se había autoimpuesto y que había llegado a ser infranqueable en su interior. Él era una persona que se obcecaba mucho y las cuestiones que se le amontonaban en su cabeza estaban sobredimensionadas por no ser capaz de relajarse y por tomarse las cosas cómo se las tomaba. Desde hacía algún tiempo se autoimponía severos hábitos con la esperanza de mejorar las cosas pero éstas en lugar de arreglarse se estaban deteriorando a un ritmo vertiginoso. Bebió otro sorbo de cerveza y se estiró mirando el cielo que poco a poco se iba oscureciendo y en esos momentos pensó en su vida de los últimos años y se dio cuenta que la había vivido frenética y alocadamente, sin percatarse de las terribles consecuencias de sus actos y sin medir la importancia de sus palabras. Ahora sufría sus efectos. Llevaba tiempo sin saber que le pasaba pero teniendo la certeza que algo no iba bien en su interior. Era cómo si el masivo agujero negro del centro de su universo hubiese empezado a devorar todo lo que le rodeaba. Tenía la sensación que en el centro de su ser existía algo que en vez de crecer estaba aniquilando todo lo que encontraba a su paso. Se sentía perdido, se sentía indefenso ante la posibilidad de desaparecer. No quería perderse cuando aún no se conocía. Se incorporó y se acabó de un trago la cerveza. Se levantó y se fue hacía la cocina, no tenía hambre pero estaba decidido a prepararse algo, quería apartar aquellos pensamientos que se le acumulaban en su mente y que sabía que antes o después serían devorados cómo había pasado con sus recuerdos. Estaba sólo, más sólo de lo que cualquiera puede estar porque su soledad no radicaba en un aspecto circunstancial, su soledad se sustentaba en un interior que cada vez estaba más vacío. Su vida actual transcurría en un intervalo, en el espacio que ocupaba su existencia en su propio olvido. Estaba sólo y se sentía atrapado. De repente todo el cansancio acumulado durante el día hizo acto de presencia y se fue a la cama. Al cerrar los ojos sintió un ligero mareo, su cuerpo se estremeció y una minúscula arcada le sobrevino. Estuvo a punto de levantarse pero esperó. Nada era cómo antes, ahora todo en su vida transcurría en una especie de siniestra calma que lo mantenía en un apagado estado. Dejó de ser sociable para convertirse en un solitario porque al final entendió que en los otros no encontraría lo que en su interior se estaba destruyendo. Nada iba a volver, ni sus recuerdos ni su vida y era esta absoluta certeza lo que tanto daño le hacía. El ser debe cambiar, se decía, pero no desaparecer, se recordaba. Finalmente se durmió aunque no pudo tener un sueño placentero.

 

 

¿Cómo es posible vivir en el espacio que ocupa la existencia en tu propio olvido?
Sin miedo.

(David)


 

 

Me siento



En esta vida mía,

me siento Keats en estos días,
me siento Neruda con su inocente mirada,
me siento Blake entre visiones y arte,
me siento Murakami atrapado entre realidad,
me siento Poe cada vez que me miro al espejo,
me siento Saramago a cada reflexión,
me siento Cernuda en los momentos de pasión,
me siento Nervo cuando deseo de corazón,
me siento Herbert cuando viajo a lo mesiánico,
me siento Hesse cuando anido en mí,
me siento Matute cuando río mientras escribo,
me siento Marsé y su diáfano vivir,
me siento Sabines cuando amo,
me siento Whitman cuando ando libre,
me siento Byron en momentos e instantes,
me siento Baudelaire en mis penas,
me siento Verlaine y soy poeta maldito,
me siento Lorca y su alegría,
me siento Hernández cuando canto una nana,
me siento Novalis cuando viajo,
me siento Lope de Vega cuando cabalgo,
me siento Tolkien en sueños,
me siento Suskind entre aromas,
me siento Chejov cuando me levanto,
me siento Shakespeare cuando estoy loco,
me siento Asimov en este extenso universo,
me siento Verne en una mirada visionaria,
me siento Dickens en mis juegos,
me siento Kipling cuando voy a la selva,
me siento Stevenson cuando zarpo hacía el mar,
me siento Allende y parte de su familia,
me siento Auel cuando alcanzo al sapiens,
me siento Pessoa si estoy pasajero,
me siento Dostoievski si le doy al juego,

me siento...
y
no dejo de sentirme.



Emborracharme de Ti (video)

Curiosidad



Tan pronto me levanté supe que no estaba en mi cama. Sentía mi cuerpo reposado en algo que parecía hierba. Al incorporarme me dí cuenta que estaba en medio de una extensa llanura. El Sol acababa de salir, el cielo estaba despejado y nada se escuchaba en toda aquella inmensidad que me rodeaba. Estaba sólo. Me pregunté si aún estaría durmiendo pero me aseguré que estaba despierto y bien despierto. No sabía cómo había llegado ni que era aquel lugar que tanto se parecía a un prado aunque yo sabía que no lo era. La supuesta hierba se parecía mucho a la auténtica hierba, su color y su forma eran iguales pero no su textura. Al tocar esa corta hierba te dabas cuenta que no era natural. Una buena réplica pero réplica al fin y al cabo. Con el Sol y el cielo pasaba lo mismo. Eran cómo los originales pero en este caso su luz era diferente, más tenue, sin tanto fulgor por parte del Sol ni tanta claridad por parte del cielo. Parecía estar en medio de un inmenso prado recién segado y bajo un cielo radiante y soleado pero sabía que no era así. En todo aquello había algo artificial, algo que no era del todo natural y desde hacía un rato, podía simplemente sentirlo. No tenía miedo aunque si curiosidad, esa misma que me había posibilitado hacer cosas que ni en sueños hubiese creído posible hacerlas. Me habían enseñado que las personas curiosas no tenían miedo y que justamente esa curiosidad, y no el miedo, era lo que ayudaba a una persona a seguir adelante. Aparentemente estaba en medio de ningún lugar, sin saber cómo y porqué y aún así no había signos de contradicción en mi actitud. Estaba tranquilo mientras seguía de pie mirando todo a mi alrededor con una expresión serena. Respiré profundamente tres veces y sonreí. Sabía lo que tenía que hacer.

No era un hombre perdido, esto lo sabía perfectamente, tan sólo era un hombre en un lugar nuevo, un sitio dónde las cosas parecían ser una cosa pero no lo eran exactamente. Lo sabía y no me importaba. Volví a respirar profundamente tres veces y me puse en marcha.

Creía saber muchas cosas antes de haber llegado allí pero estaba claro que ahora nada de eso me servía. Tampoco me importó y volví a sonreír.

En esos momentos, mientras caminaba hacía el horizonte, comprendí que mis nuevos pasos no se basarían en mi conocimiento anterior sino en las huellas que recorrería, a partir de ahora, en esta nueva senda de la curiosidad.



“Tan solo estaba explorando los limites de la realidad. Tenía curiosidad por ver qué pasaría. Eso era todo: simple curiosidad”.
(Jim Morrison)


“La curiosidad es la insubordinación en su más pura forma”
(Vladimir Nabokov)





Mi Gato






Los pelos largos de mi gato
son finos y ligeros
y
su negro azabache
parece no tener fin,

es cariñoso y cósmico,
alegre y sideral,
así es mi gato,
uno sin igual.

Avanzamos y crecemos juntos,
nuestros surcos son los mismos
y
las estrellas, los ojos y las luces
que siempre le rodean,
también son los míos.

Mi gato cósmico
es mi amigo amigable
con un toque de ambigüedad felina
en sus azules ojos
y
a su paso se acercan
propios y extraños
y
en su cola endiablada,
se dibujan SueñoS.

Este compañero fiel y particular,
fruto de mis ganas
y
de su infinita paciencia,
reposa a mi lado
y
en su mirada minina
me descubro de nuevo
transformado
en negro azabache
y
alegre bigote,
como mi gato.







Sastre con Suerte



Soy un sastre con suerte,
de esos que los trovadores cantan
como sastre atípico y soñador,
vivo en una tierra dónde
no existe otro como yo.

Sastre que cose sin aguja,
sastre atípico y soñador,
manos que hilan sin hilos,
sin agujas y sin temor.

Soy un sastre con suerte,
que hila con letras,
letras que desnudan tu cuerpo
y letras que lo visten
y
hoy he creado para ti
un aura única y deliciosa,
una vestimenta etérea
que no puede ocultar tu belleza.

Un vestido cosido de miles de Te quiero,
que te susurra palabras de Amor,
aquí, ahora y siempre.

 
Soy un sastre con suerte.






Neo-evolución



Año 2174.

La humanidad ha podido salir de la Tierra por primera vez en su historia. Ha logrado traspasar ese cielo que durante miles de años fue su techo, su barrera sin saber que detrás de ella estaba su futuro.

Los primeros indicios de esta hazaña se remontan más de dos siglos atrás aunque fundamentalmente fue a mediados del siglo pasado dónde recibió su impulso definitivo con la implantación definitiva de la biotecnología genética. A principios del siglo XXII la mayoría de seres humanos de la Tierra habían sido alterados genéticamente de alguna manera, en la hora de su concepción, en su formación o en su vida ya adulta. Las mejoras tanto físicas cómo mentales de los humanos no tenían límites y cada vez más el hombre exploró este mundo tan nuevo y tan lleno de oportunidades que la ciencia le ofrecía. La existencia humana adquirió un nuevo significado a cada avance que la tecnología ofrecía y así fue que la moral, la ética y en general todo el pensamiento se desmoronó. Hasta las religiones sucumbieron a esta nueva realidad dónde para el nuevo hombre no existían límites reales. La humanidad acababa de romper definitivamente con su pasado y con las limitaciones asociadas a su condición de hombre y esta nueva realidad transformó la totalidad de las sociedades de la Tierra. Todo lo que el hombre había construido hasta esos momentos se había reducido a la mínima expresión. Los parámetros del comportamiento humano se habían modificado radicalmente y la manera que el hombre se entendía a si mismo y a todo lo que le rodeaba había cambiado hasta límites insospechados. Nada ya era cómo antes porque ya nada era ni recordaba a todo lo que antes era. Las leyes que encorsetaban a la humanidad habían caído y el eterno anhelo de la inmortalidad parecía estar, a cada década que pasaba, más cerca. La humanidad ya no caminaba por la Tierra, ahora dejada su huella digital por toda ella. La selección genética hizo evolucionar más al hombre en cincuenta años que en todos los anteriores 127.000 años de su historia. El ser humano difuminó su forma original y muchos de ellos perdieron, a través de implantes, descargas y mutaciones múltiples, su verdadera identidad y pasaron a formar parte de un disco duro central que a partir de esos momentos dominó sus vidas. En este mundo aún había una barrera que el hombre no había podido superar. La Muerte. La temida muerte que a pesar de muchos avances siempre estaba un paso por delante. La vida no era aún un bien imperecedero aunque esto había cambiado desde hace muy poco tiempo. Hace tan sólo dos décadas el hombre se enfrascó en la misión más importante de su historia. Derrotar a la misma Muerte y hacer que el hombre diese su paso definitivo en esta revolucionaria evolución que tan eficiente parecía ser. El hombre de ciencia del siglo XXII no tenía dudas a la hora de poner en marcha proyecto tan ambicioso porque la realidad apremiaba y la humanidad tal y cómo se la conocía estaba a punto de desaparecer. La Tierra a finales del siglo XXII estaba a punto de agotar sus recursos y la contaminación atmosférica había mermado considerablemente cualquier tipo de vida, inclusive la humana y así era totalmente imposible vivir por mucho más tiempo. Los hombres estaban al borde de la extinción cuando más cerca estaban de conseguir el paso definitivo de su evolución, la inmortalidad.

Año 2224.

Los hombres se han fusionado finalmente con la máquinas y definitivamente la parte biológica que un día existió en ellos ha desaparecido. Ya no son aquellas mutaciones mejoradas del siglo XXII y ni mucho menos el ser inquieto y curioso que recorrió gran parte de la Historia, desde el XIX para atrás. Ahora es puramente mecánico, sus células han sido remplazadas por pequeñas y sofisticadas réplicas mecánicas de las propias células y su funcionamiento central esta totalmente predeterminado. Nada se deja al azar y cada paso que da un nuevo individuo, este mismo esta programado de antemano. Hasta el mismo planeta y su hogar es de origen artificial, lo creó el hombre neo-evolucionado cuando no descubrió ningún lugar seguro dónde instalarse después de su apresurada salida de la Tierra. La inmortalidad ya no es una quimera, esta al alcance de todos y todos y cada uno de los individuos que componen aquella sociedad tiene derecho a tenerla o renunciar a ella, si quieren. El tiempo y su consiguiente deterioro ya no encarcelan a esta versión mejorada del hombre que durante miles de años pisó la Tierra y hasta llego a someterla. Los sueños de toda una especie por fin se habían cumplido, ahora eran inmortales, aunque por desgracia para ellos en estos momentos ya no quedaba ningún humano para poderlo disfrutar.

El hombre había muerto definitivamente.

Año 2274

Un mundo sin imperfecciones.

Un mundo dónde el hombre, si alguna vez existió, no tenía cabida.


 


Pensé sin Saber (video)

                    



Pensé que era posible que todo lo que hacía era un acto constitutivo de delito.
Pensé en el día que abrí aquel inocente libro.
Pensé que era mejor dejar salir antes de entrar.
Pensé en una noche estrellada cuando era niño, muy niño.
Pensé en las flores que inundaban mi vida.
Pensé que unos ojos eran y serán.
Pensé en el sonido del fuego al arder.
Pensé que uno y uno no siempre son tres.
Pensé que mis oídos me engañaban al escuchar tanta belleza.
Pensé que las aves al igual que yo están de paso.
Pensé en una oasis lleno de dátiles.
Pensé que sería mejor mejorar que empeorar lo peor de mi.
Pensé en la forma siempre diferente de llover.
Pensé en el calor y en el frío.
Pensé aderezar un poco más la ensalada la próxima vez.
Pensé que puedo sonreír al recibir una a una las estocadas que me he buscado.
Pensé de mil modos y ninguno me funcionó.
Pensé en unos dedos que tecleaban mientras una suave música los envolvía.
Pensé que hay un Sol que nos calienta a todos.
Pensé que un lago es igual de bonito en cualquier parte del mundo.
Pensé en las ballenas y su canto.
Pensé en cosas con formas y sentidos contrapuestos.
Pensé que al partir mi tren todo estaba perdido.
Pensé en un amigo que crece a mi lado.
Pensé que no era posible que el violín sonase tan bien.
Pensé que no sería capaz de aguantarme con un sólo pie.
Pensé que siempre que pinto estoy tarareando alguna canción.
Pensé que siempre me han gustado los fuegos artificiales.

Pensé en todas esas cosas que a veces se piensan...

… sin saber del cierto si eran verdad.



No siempre



Un cementerio abandonado no es el mejor sitio para tener una primera cita. No es el mejor lugar para demostrar a una hermosa dama todo lo que sientes y menos aún es el lugar idóneo para cortejarla y agasajarla cómo es debido. En este cementerio los matorrales y las malas hierbas cubren por completo la verja herrumbrosa que lo delimita y no es posible ver la altura de la misma, las malas hierbas cubren también la mayoría de lápidas aunque algunas pocas consiguen sobresalir por encima de ellas. Es un paisaje desolador a todas luces aunque es el lugar escogido por este joven para tener su primera cita con la joven y hermosa hija del sepulturero. Sabe que el lugar escogido agradará a la joven y aunque le hubiese gustado hacerlo en el cementerio nuevo, el cementerio abandonado ha resultado ser una buena opción. El cementerio posee varios árboles repartidos por toda su extensión, están plantados aquí y allá sin ningún orden aparente y su altas copas ofrecen una agradable sombra sobre la mayor parte del camposanto. El joven esta seguro de una cosa, si el cementerio abandonado se cuidase y mejorará un poco su maltrecho aspecto, éste podría convertirse en un paraje maravilloso dónde pasar las calurosas tardes de verano bajo la sombra de sus árboles y junto a la ligera y fresca brisa que siempre sopla encima de aquella pequeña loma. Con un ligero lavado de cara se hubiese podido convertir en el lugar ideal para todas las parejas de enamorados pero cómo permanece en estado de abandono total, nadie piensa en él. Sólo el joven ve en cementerio abandonado la mejor ubicación posible para su primera cita y tan pronto comprobó que era factible, se puso manos a la obra. En el gran día no ha querido traer muchas cosas porque sabe que tan sólo necesita estar a solas con la joven dama para poderle hacer sentir todo el amor que siente por ella.

Un cementerio abandonado no es el mejor sitio para tener una primera cita...

… y a pesar de ello es el lugar escogido por este joven.



 
“No siempre los mejores sitios son los que esconden buenos sentimientos”.
(David)




M.C. Escher

Intrahistoria



Son las cinco de la mañana y estoy escribiendo las últimas páginas de una novela corta. He querido ambientarla en la Europa de posguerra, una realidad dura que afectó, cómo todo el mundo sabe, a millones de personas. La trama consiste en la búsqueda de unos papeles de vital importancia para el mantenimiento de la reciente paz por parte del personaje principal, el Sargento Videreaux. Es un francés que ha luchado en la guerra junto a la famosa Resistencia Francesa y después de haber demostrado valía y coraje es elegido para formar parte de un grupo de contraespionaje. Los franceses, en esos momentos, tienen pocos medios si los comparamos con los norteamericanos, ingleses o rusos pero gracias al ingenio y destreza del personaje, el Sargento Videreaux, éste consigue ir siguiendo la pista de los documentos por diferentes países hasta que finalmente se apodera de ellos en Berna. La historia la estoy escribiendo rapidísimo y no quiero irme a dormir hasta acabar por lo menos el primer esbozo. Me falta poco para terminarla aunque esto no me anima mucho, el cansancio esta haciendo mella en mí y los ojos me duelen mucho. Creo que por hoy tendré que dejarlo cómo está aunque si hago esto corro el riesgo de ver mi novela corta inacabada cómo a tantas les ha pasado en esta vida de maleante de letras que llevo. Me levanto y me estiro un poco, subo arriba y contemplo el cielo estrellado. Me siento cómo si acabase de salir de una caja de ratones y ahora por fin, contemplo lo que verdaderamente es el mundo. Mi novela me ha absorbido tanto que por momentos he creído estar en las calles de una Dresde recién destruida por los bombardeos aliados. Ahora recupero cierta tranquilidad rodeado de silencio y estrellas. Quiero acabar la novela, me digo a mi mismo mientras mis ojos se posan en el Cinturón de Orion y en ese momento y sin saber bien porqué, me decido. Bajo rápidamente hasta mi escritorio y tecleo las cinco últimas hojas sin pausas. Por fin esta acabada. Las seis y treinta y cuatro de la mañana y mis novela corta esta finalizada. Me siento tranquilo, me siento bien. Vuelvo a subir a la planta de arriba y esta vez contemplo la noche estrellada estirado en una tumbona de mimbre. Dejo que la paz y la tranquilidad de esta estampa se apodere de mí. Necesito descansar, necesito estar vacío cómo en estos momentos me siento. Vacío de letras, de palabras, de emociones, de sentidos, de todo en definitiva.

El Sargento Videreaux ya es historia.

Y yo...

… sólo Intrahistoria de un Sinsentido.




“En primer lugar acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de este invento de que no saber nada es un signo de sabiduría“.
(Isaac Asimov)


 


Este Pirata

      



Este pirata...

de mirada cristalina,
de pelo rasurado, bigote y perilla,
de corazón margarita,
de piel suave y salada,
de abrazos sinceros,
de etéreo caminar,
de hondo existir,
de mares salados y dulces,
de nubes cercanas,
de Luna con vida,
de Soles amigos,
de noches sin dormir,
de mañanas eternas,
de muchas palabras
y
de poca vergüenza,
de pasión desmedida,
de Turquía al infinito
y
más allá,
de volar sin alas,
de beber sin sed,
de amar así,
de intenso sentir,
de querer conocer,
de prados en las nubes,
de gritos alegres,
de esto, lo otro
y
lo de más allá,
de tus besos
nunca robados
siempre deseados,
de tu entrega,
de mis cartas,
de los demonios del mal
y
su locura perpetua,
de aparición
y
desaparición espontánea,
de Lobo Estepario,
de S en los SueñoS,
de paladín simplón,
de enclenque saltimbanquis,
de viejo ciego feliz,
de monstruo fratello,
de camello por Roma,
de agua en las venas,
de veneno francés,
de nombre y apellidos,
de despierto durmiente,
de Palabras Musa,
de piano con melodía,
de tus caricias...

Este Pirata de verdad.



 

Destino

                   


  



DESTINO



Mis pasos cortos y lentos
junto a la melodía de mi flauta
me han acercado al bello horizonte,
a esta firme decisión.

Ya no caminaré solo,
siempre acompañado
de alegría y fortaleza,
de ganas y poder.

Nunca soñé tanto como ahora y
nunca los sueños acudieron tanto a mi,
para hacerme entender,
para finalmente sentir.

Miro mis zuecos y están gastados,
miro mis manos y están resecas,
todo por el camino,
todo a través de mis pasos.

Los amaneceres descritos
nada me dicen ya
aunque
las aves, en mi mundo,
siguen en su vuelo
incesante e incansable.

Los sonidos de mi flauta
me han aconsejado y me he decidido,
en este bello horizonte que es hoy
y
en esta mañana eterna que es ayer.

Mis ojos miran limpios y
mis pensamientos ya no crecen,
ahora florecen,
cuando me dirijo
a mi destino.







Siempre que puedo



Siempre que podía me escapaba al Jardín. Después de cumplir mis obligaciones y asegurarme que no había nadie más, entraba sigilosamente y paseaba por él admirando sus árboles, sus flores y las hierbas que allí crecían de un modo exquisito y delicado. El Jardín era un claro ejemplo de Jardín inglés en toda regla y era justamente este hecho lo que lo hacía que fuese tan especial. Esto y ser mi padre el creador de ese vergel, en medio de esta campiña salvaje que son las tierras que nos circundan, me complacía de sobremanera. Mi padre era el jardinero jefe en el castillo de Sir William Blake, tan sólo era una de las centenares de posesiones que tenía el aristócrata. Mi padre estaba muy agradecido a Sir Williams porque había confiado plenamente en él a la hora de crear un hermoso Jardín dónde antes sólo había ciénagas y malas hierbas. Era un espacio dónde, para mí, el tiempo no existía y los momentos que disfrutaba entre los intensos aromas y las coloridas flores, eran momentos de felicidad dentro de la dura rutina que significaba mi trabajo diario. No iba a la escuela y ayudaba en casa en todo lo que mis padres me ordenaban y si había trabajo en el Castillo, me obligaban a dar de comer a nuestros animales, buscar leña o cualquier tarea que se precisase. Mi vida era dura por tener tan sólo nueve años, pero vivir al lado de aquel Jardín me hacía feliz y hacía que las asperezas de la vida diaria fuesen más llevaderas. Había dos momentos ideales para pasear tranquilamente por el Jardín, uno era el mediodía, cuando la calor apretaba más y todos los demás se refugiaban en las dependencias del Castillo y otra era, a medianoche cuando el silencio reinante transformaba aquel Jardín en un lugar mágico. En esos momentos, al mediodía y a medianoche, siempre tenía la misma sensación, sentía que no era un niño de nueve años, hijo de un jardinero y una ama de llaves que vivía alejado de todo, en esos momentos me embargaba una sensación de paz y tranquilidad que junto a toda la belleza que me rodeaba hacían que por momentos mi vida fuese un cuento de hadas. Me imaginaba que era el señor del castillo, que entre aquellos árboles, flores y hierbas aromáticas me batía en duelo contra un adversario invisible en defensa del honor de una hermosa dama, me creía un valiente rey que dominaba con infalible justicia extensas tierras desde el Jardín. Eran momentos dónde el Jardín, mi imaginación y los sueños de un niño de nueve años se entremezclaban en busca de su propia realidad.

Ahora recuerdo aquello cómo si fuera el principio de muchas cosas. Aquel Jardín fue lo más bonito de mi infancia y fue el inicio de mi interés por diversas materias que la vida, en ese Castillo alejado de cualquier concentración humana importante, no podía satisfacer.

Me fui pero el Jardín nunca me abandonó.

Hasta el día de hoy todos los árboles, las flores y las hierbas con sus aromas y sus colores se mantienen intactos.

Espléndido y majestuoso ha seguido creciendo en mi interior...

… y siempre que puedo, me escapo a mi Jardín.


 


“El auténtico conocimiento es conocer la extensión de la propia ignorancia”
(Confucio)